En este blog aparecen algunas imágenes que encuentro por internet que,normalmente, son acompañadas del nombre de su creador. Sólo intento transmitir mi amor por el Arte, pero si alguien no quiere que aparezcan sus imágenes aquí sólo tiene que decírmelo e inmediatamente serán retiradas.

jueves, 24 de julio de 2014

SENSACIONES XXV: "A VECES EL TREN EQUIVOCADO TE LLEVA A LA ESTACION DESEADA"

Estación de Saint Lazare (1877)
Claude Monet
     A veces una simple frase escuchada en una peli puede hacerte pensar y divagar durante horas... Es como si esa frase te la mandara la vida para hacerte reflexionar sobre algo que tienes en la cabeza pero no sabes muy bien cómo encauzar...
     Todos cometemos errores, es algo que tenemos tan asumido que muchas veces lo usamos incluso como excusa para justificarnos, pero también es un hecho demostrado que nunca se sabe cuándo va a dar un giro tu vida, cuándo va a pasar algo o te van a decir algo o vas a hacer algo que, sin haberlo planeado y sin esperarlo, hace que tu y tu mundo cambie... Entonces un error puede convertirse en el mayor hallazgo de tu vida, redirigirte por otros senderos que aún sabiendo que existían no te imaginabas caminando por ellos... A veces no hay que pensarse mucho las cosas , porque los errores pueden desembocar en un acierto y, a unas malas, y como suele decirse, de los errores también se aprende... no?

lunes, 7 de julio de 2014

FELICIDADES FRIEDA...

6 de julio de 1907, Coyoacán, nace una niña destinada a ser una de las mejores respresentantes del arte mexicano del siglo XX. Qué dura fue la vida contigo y cómo la querías a pesar de todo...

martes, 1 de julio de 2014

FRIDA FEMINISTA

               Para empezar, debemos matizar que Frida no era feminista en el sentido setentero del término, es decir, no se enmarcaba en un movimiento ideológico determinado, puesto que eso implicaría una intencionalidad; nuestra artista plasmaba su interior, lo que sólo una mujer podía sentir y experimentar y lo convertía en un mensaje que, con los años, se ha recogido en forma de conciencia feminista crítica.

La Adelita, Pancho Villa y Frida (1927)
            Es evidente que vida y obra son inseparables en Frida; para Eli Bartra este hecho es característico de las mujeres artistas, ya que la mujer está más relacionada con el entorno doméstico y más relacionada con el mundo de las emociones, quedando excluida de la vida pública. Este es claramente el caso de Frida que, viviendo a la sombra de un famoso pintor como era Diego Rivera, se conformaba con pintar para ella y para sus amigos y familiares; sin embargo, no sólo pintará su vida interior sino que universalizará sentimientos que pueden considerarse propiamente femeninos, temas de mujeres y entendibles por mujeres: abortos, embarazos, suicidios, maltratos, infidelidades; llega incluso al incómodo tema de la homosexualidad femenina, es decir, da visibilidad a una problemática soslayada por la ideología dominante, en lo que Rancière llamó “guerra humanitaria” donde “este derecho absoluto del sin derecho, sólo puede ser ejercido por un otro”.


           
            Esta faceta responsable de nuestra artista, gracias a la cual su pintura se convierte en una auténtica arma “política”, aparece ya en sus años como “Cachucha”; muestra de ello es su obra “La Adelita, Pancho Villa y Frida” (1927), donde, junto a su faceta revolucionaria, no deja pasar la ocasión de representar el papel que la mujer tuvo en la lucha, junto a los hombres: eran las llamadas “Adelitas”, que también intervinieron activamente como enfermeras, cocineras e incluso soldados.

          Desde pequeña, Frida no estaba dispuesta a seguir el camino que se suponía adecuado para una mujer: atesoraba juguetes de niños, se relacionaba con grupos de muchachos (los Cachuchas), vestía trajes de hombre, tenía cierto aire “varonil” con sus pobladas cejas y bigote… una actitud cuanto menos provocadora que, sin embargo, no era más que consecuencia de una fuerte personalidad y una búsqueda de su propia identidad que comenzó, podría decirse, a raíz del accidente sufrido el 17 de septiembre de 1925 y que fue determinante en la formación de Frida, tanto desde el punto de vista artístico como desde el punto de vista femenino.

              Como artista, dicho accidente fue el motivo por el cual empezó a interesarse por la pintura, como ella misma reconoce en una carta a Julien Levy; como mujer, el accidente le dejó importantes cicatrices tanto físicas como psicológicas. Al estar tanto tiempo empotrada en una cama pasaba largas horas delante de un espejo para autorretratarse, y en él empezó a encontrar su “otredad”, una Frida enferma y triste que construyó una máscara que usaba en todos sus autorretratos, y que se limitaba a vestir y peinar de una u otra manera como si de una muñeca se tratara. Esta imagen hierática, casi desafiante, es la misma que podemos ver en algunos trabajos de artistas feministas actuales como Ana Mendieta que, además, trabaja sobre un elemento característico de muchas obras de Frida: la ambigüedad (recordemos “Trasplante de pelo facial” de 1972).
Autorretrato con pelo cortado (1940)

                        En efecto, uno de los campos de trabajo del arte feminista es el cuerpo humano, y en concreto la “identidad” del individuo. En 1929, la psicoanalista Joan Riviêre publicó La feminidad como mascarada, donde exponía que la feminidad era una especie de disfraz que la mujer se ponía o se quitaba dependiendo de su relación con el hombre, de manera que su conducta nada tenía que ver con su condición sexual. No sabemos si Frida tuvo la oportunidad de conocer este escrito, pero esta misma idea se puede rastrear en algunas de sus pinturas, incluso en sus propias palabras: “En otra época me vestía como muchacho, con el pelo al rape, pantalones, botas y una chamarra de cuero, pero cuando iba a ver a Diego me ponía un traje de tehuana”. Con esto nos demuestra dos cosas: por un lado el grado de complacencia que tenía con Diego, al cual le gustaba verla vestida con el atuendo tradicional como reivindicación de la mexicalidad; por otro, la conformación de una personalidad tan fuerte que no necesitaba reafirmarse mediante su apariencia física. Sus ropas y abalorios mexicanos eran usados como propaganda política, mientras que su identidad como mujer y como persona no dependía de nada externo a ella. Sin embargo, Frida también usaba su apariencia como muestra de su rebeldía ante la actitud machista de Diego; en “Autorretrato con pelo cortado” (1940), pintado justo después de su divorcio, recurre a la letra de una famosa canción para acompañar su autorretrato vestida de hombre y con el pelo recién cortado, de manera que elimina totalmente la imagen femenina que Diego decía adorar. Para Eli Bartra, la cólera y la ira han sido en ocasiones el punto de arranque de la creatividad femenina; si bien en este caso queda ejemplificado, no puede considerarse una característica de un arte ni femenino ni feminista puesto que en el arte hecho por hombres también es fácil encontrar ese componente.


            La relación tempestuosa que mantuvo con Diego Ribera, también ayudó en la formación de esa imagen feminista de Frida; a pesar de la devoción que sintió toda su vida por el muralista, la infidelidad de Diego con su hermana Cristina en 1934(una entre muchas) constituyó un antes y un después: se impuso una nueva Frida, una mujer “moderna” en el sentido que hoy utilizamos, independiente, con ideas claras sobre ella y su relación con Diego, consciente de su valía como artista y sin miedo a nuevas experiencias en el terreno personal y emocional, en una búsqueda constante de la felicidad. Desde la traición de su esposo con su hermana, la mexicana comienza a vivir su vida sola y lucha por su independencia económica, sentenciando: “Jamás tomaré dinero de ningún hombre hasta mi muerte”, comenzando así su andadura profesional y vendiendo su trabajo. Para ello tiene que volver a viajar, pero esta vez no de la mano y a la sombra de Diego Rivera, sino como Frida Kahlo, la artista mexicana que Bretón llevó a París y que triunfó en una exposición en la que cosechó “grandes felicitaciones a la chicua, entre ellas un abrazote de Joan Miró y grandes alabanzas de Kandinsky para mi pintura, felicitaciones de Picasso y Tanguy, de Paalen y de otros…”. Y junto a su nueva faceta de mujer trabajadora, surgió también la famosa bisexualidad de Frida; como culmen de su renovada libertad, las nuevas relaciones que comenzó a tener en sus viajes sin Diego la llevaron a una vida sexual activa y desinhibida tras entender que no debía depender de nadie. Esta faceta de mujer fuerte e independiente, sin embargo, ha sido recogida por el feminismo muy superficialmente pues, indagando en sus escritos y obras, era sólo una máscara más que Frida deseaba mostrar al mundo y a Diego.

Henry Ford Hospital (1932)
            Pero el feminismo no se ha equivocado en ver en nuestra artista un ejemplo de lucha por la causa. El mismo Diego se dio cuenta de ello: “La primera vez en la historia del arte que una mujer ha expresado con franqueza absoluta, descarnada y, podríamos decir, tranquilamente feroz, aquellos hechos generales y particulares que conciernen exclusivamente a la mujer”. El más evidente fue la frustración por no poder ser madre y el sufrimiento que se siente ante un aborto. En “Henry Ford Hospital” (1932), Frida describe el aborto involuntario que sufrió en Detroit a través de unas imágenes simbólicas: un caracol, como símbolo de la lentitud; un torso femenino, que enseña el interior de una mujer; un elemento mecánico, que simboliza lo “mecánico” y frío que fue el proceso; una pelvis fracturada, como culpable de la desgracia; una flor marchita, imagen de su sexo; un feto, que flota encima de ella… y ella tumbada en una cama ensangrentada. A los pocos meses, otra pintura puede ponerse en relación también con este hecho, “Mi nacimiento”, en la que una Frida asoma la cabeza de su madre que yace muerta con la cara tapada; evidentemente no era su madre, quizá sería una forma de expresar su propia muerte metafórica tras dar a luz a un feto muerto. En cualquier caso, ambos cuadros ocultan un desgarrador mensaje para las mujeres y entendido plenamente sólo por ellas, drama e impotencia ante la crueldad de perder un hijo.
Unos cuantos piquetitos (1935)

            Junto a esta necesidad de expresión de su mundo interior, también hay una Frida comprometida con el mundo que la rodea y no sólo desde el punto de vista político, del que ya hablamos antes. El artista como ser político, debía estar siempre alerta ante los sucesos que lo rodeaban y responder con su trabajo, es decir, implicarse de la mejor forma que sabía con una realidad siempre plagada de hechos denunciables, ya fuera algo que afectara a un país entero o algo más particular que afectara a una única persona, a la mujer en este caso; se puede decir que Frida es una de las primeras artistas del siglo XX en plasmar el drama de la violencia de género, término éste muy actual, pero que esconde una realidad de siglos de existencia. “Unos cuantos piquetitos” (1935), se basa en una notica que Frida leyó en un periódico local: una mujer había sido asesinada por celos y en su defensa el hombre declaró “sólo fueron unos cuantos piquetitos”. El impacto por la crueldad implícita en estas palabras hizo que, una vez más, la ira fuera vehículo para su pintura. La sangre es la auténtica protagonista del cuadro, que incluso invade el marco, lo que cuantitativamente se opone a la leyenda escrita encima de la escena. Pero si brutal y atroz parece esta imagen, mucho más inhumano y sádico es el dibujo preparatorio, donde se representa al hijo de la mujer, que fue testigo del asesinato; podemos suponer que su decisión de eliminarlo de la obra definitiva responde al hecho de que ya había sido un suceso lo suficientemente espantoso como para añadir más morbo y se limitó a hacer hincapié en la crueldad de las palabras del hombre.

El suicidio de Dorothy Hale (1939)
            A modo también de plasmadora de sucesos, pintó “El suicidio de Dorothy Hale” (1939), una actriz que Frida conoció en Nueva York, que pasaba por apuros económicos después de la muerte de su marido y que fue rechazada en Hollywood por considerarla demasiado vieja; no viendo otra salida organizó una gran fiesta y tras despedir a los invitados se tiró desde una ventana del edificio Hampshire House. Sin duda Frida se sintió identificada con Dorothy, compartiendo el mismo sentimiento de soledad por la pérdida de su marido (Frida ya se había separado de Diego) y por su estado de ruina económica (por el mismo motivo); nuestra artista describe con total realismo el acto del suicidio, que divide en tres momentos como si de un comic se tratara, el último de los cuales acaba con la mujer muerta en el suelo, ensangrentada, pero con los ojos abiertos y mirando al espectador, interpelándolo, como si buscara un acto de reflexión ante el hecho de su muerte. Con este cuadro, Frida convierte a la actriz casi en una mártir, en una víctima de la injusticia y la crueldad de los hombres, de una forma similar a la mujer asesinada de “Unos cuantos piquetitos”.

           Su realidad más cercana, la de una compatriota asesinada por celos, la de una amiga que termina con su vida porque no ve otra salida, la cruel realidad de pasar por varios abortos, sucesos que sintió la necesidad de plasmar con sus pinceles, interpelando al espectador a una reflexión, hacen de Frida una creadora de discursos.

              El hecho de ser un icono del feminismo responde a este planteamiento; las feministas han interpretado la vida y obra de Frida como un ejemplo de combatibilidad, un ejemplo de mujer con ideales por los que lucha en una sociedad donde la ideología dominante era la del hombre, ya fuera desde el punto de vista político como desde el punto de vista personal, abordando temas “de mujeres”; la artista es para el movimiento feminista modelo de mujer independiente y autosuficiente, aunque sólo es necesario echar un vistazo a los escritos personales de la artista para darse cuenta que, en realidad, era un disfraz que Frida decidió ponerse para poder sobrevivir a su angustia personal, que en sus obras aparece con la descripción de dramas protagonizados por mujeres.

viernes, 27 de junio de 2014

EXPOSICION

Otro año más, otra ilusión más y otra exposición más, pero siempre es distinto...
Espero veros por allí...

jueves, 26 de junio de 2014

RENOVARSE O MORIR

Como véis he cambiado el aspecto del blog. Es la segunda vez que lo hago, pero a diferencia de la primera ésta no tiene una justificación o motivación transcendental, sino meramente estética... vamos, que me he cansado de verlo igual y he pensado que un cambio no estaría mal, aunque pensándolo bien los cambios siempre son originados por algo...
Pues sí, pensándolo bien me gustaría cambiar muchas cosas, y a quién no?
Siempre he renegado de la monotonía, no es nada nuevo, pero de un tiempo a esta parte estoy más adaptada a ella, incluso me gusta, me gusta eso de tener una vida ordenada y así poder concentrarme en otras cosas que me ayudan a ser un poco más feliz, aunque sea a ratos, como los estudios y la pintura. Pero ya echo de menos un poco de acción en mi vida, o dicho de otra manera, echo de menos "complicarme" la vida, porque de vez en cuando un poquito de aventura no está mal y yo, sin comederos de tarro, no soy yo. Porque cambiar el aspecto de mi blog no es lo suficientemente excitante para mi....a ver qué me invento...

lunes, 23 de junio de 2014

SENSACIONES XXIV


     Hace un par de años no me podía imaginar que sería capaz de hacer algo como ésto... de hecho, yo tenía en mente aprender a usar los pìnceles porque me parecía que esa era la única manera "verdadera" de pintar.
     Cuando empecé el primer día me pusieron a dibujar con un lápiz, directamente del natural, una taza y una tetera que me parecieron demasiada poca cosa, no por lo fácil (ni mucho menos) sino porque yo quería algo de "más nivel", y desde luego no queria dibujar, quería poder pintar un óleo así sin más... pero, como soy una persona razonable, me dejé aconsejar por la profesora... y empecé a dibujar...primero con grafito, luego con carboncillo, con sanguina y con pastel...dejé de interesarme por el óleo...me cautivó lo que se podía hacer con un simple lápiz y me cautivó especialmente las posibilidades que ofrecía el pastel. Y así llevo dos años y me sigo sorprendiendo a veces de lo que soy capaz de hacer; soy consciente de lo mucho que me queda por aprender y no solo no me cuesta admitirlo, sino que me motiva mucho más, y aunque a veces soy muy crítica conmigo misma también me doy palmaditas en la espalda cuando hago algo que me gusta, que me gusta a mí, porque realmente lo hago por y para mí, y me gusta compartirlo principalmente para demostrar que SI QUIERES, PUEDES... todo es ponerse...

martes, 17 de junio de 2014

UNOS CUANTOS PIQUETITOS: BREVE ANALISIS

     Junto a la necesidad de expresión de su mundo interior, también existe una Frida comprometida con el mundo que la rodea. Estamos acostumbrados a ver cómo la artista plasmaba en sus dibujos y lienzos sus angustias personales, su malograda salud, su soledad, su tristeza; pero tras esas obras se esconden preocupaciones mucho más universales que abarcan desde la política (defendiendo el comunismo frente al imperialismo estadounidense) hasta el feminismo (no como ideología, sino como divulgadora de temas de mujeres y para mujeres).
      El artista como ser político, debía estar siempre alerta ante los sucesos que lo rodeaban y responder con su trabajo, es decir, implicarse de la mejor forma que sabía con una realidad siempre plagada de hechos denunciables, ya fuera algo que afectara a un país entero o algo más particular que afectara a una única persona, a la mujer en este caso; se puede decir que Frida es una de las primeras artistas del siglo XX en plasmar el drama de la violencia de género, término éste muy actual, pero que esconde una realidad de siglos de existencia. “Unos cuantos piquetitos” (1935), se basa en una notica que Frida leyó en un periódico local: una mujer había sido asesinada por celos y en su defensa el hombre declaró “sólo fueron unos cuantos piquetitos”. El impacto por la crueldad implícita en estas palabras hizo que, una vez más, la ira fuera vehículo para su pintura. La sangre es la auténtica protagonista del cuadro, que incluso invade el marco, lo que cuantitativamente se opone a la leyenda escrita encima de la escena. Pero si brutal y atroz parece esta imagen, mucho más inhumano y sádico es el dibujo preparatorio, donde se representa al hijo de la mujer, que fue testigo del asesinato; podemos suponer que su decisión de eliminarlo de la obra definitiva responde al hecho de que ya había sido un suceso lo suficientemente espantoso como para añadir más morbo y se limitó a hacer hincapié en la crueldad de las palabras del hombre.

viernes, 2 de mayo de 2014

SENSACIONES XXIII

Los años actúan como un tamiz por donde van pasando todas tus vivencias, y te vas quedando con lo mejor de lo mejor: te das cuenta de lo que quieres a tu familia, de su importancia, de que te sobraban "amigos", de que es preferible malgastar tu tiempo mirando al techo que invirtiéndolo en personas insustanciales, de lo rápido que pasa el tiempo y por eso hay que aprovecharlo, de que nada es tan importante, ni tan crucial, ni tan tan... , que todo hay que relativizarlo, que no se pueden dejar muchas cosas para mañana porque es ahora cuando seguro puedes hacerlas, que no se puede huir de los problemas porque ellos siempre terminarán alcanzándote, que hay que sentir para saber y saber lo que se siente, que hay que demostrar el amor y el cariño, porque las personas somos ciegas ante eso, que no se puede esperar nada de nadie porque seguro te sorprenderán, tanto para bien como para mal, que si quieres hacer algo, hazlo ya, y si quieres llamar a alguien, llama ya, que las oportunidades se pueden presentar pero también hay que buscarlas, que tenían razón mis padres y todo esto ya lo sabían ellos...
Mira qué bonita era (1895), Julio Romero de Torres


¿Qué tendrá la muerte que siempre nos hace pensar?

martes, 8 de abril de 2014

PARA EDU

La noche pasada no descansé bien, me sentía molesta, notaba algo raro, algo que hacía removerme en la cama con inquietud... Por la mañana me lo dijeron y supe que habías sido tu. Aún tenía esperanzas, ayer lo comentaba con nuestra Mari, pero tampoco me extrañó. ¿Me mentiste? pero no estoy enfadada... te agradezco tu fortaleza con los que estábamos lejos.

Lo último que te dije es que ibamos a ir a verte... y te veremos, estoy segura... tú crees en esas cosas lo mismo que yo... mientras, diviértete por ahí y ve buscándome como tú sabes un alojamiento de esos buenos y bonitos, pero esta vez que no sean baratos, que ahí no tienes que regatear ni sacarles un juego de maletas...

Desde mi tristeza, me siento feliz de que hayas estado en mi vida; te conocí en la época más bonita de mi vida y te reencontré para compartir uno de los mejores días de vida... con eso me quedo... y con tu sonrisa.

viernes, 21 de marzo de 2014

DESCONTEXTUALIZACION DE LAS MENINAS

Este escrito pretende ser una reflexión sobre una pequeña parte del trabajo del Equipo Crónica, no desde el punto de vista estético, ni siquiera desde el punto de vista formal, sino más bien una reflexión sobre el metarrelato que se esconde tras esa aparente ingenuidad y esa apropiación de imágenes que son características del Pop, aunque sin perder de vista la peculiaridad de ser un Pop genuinamente español. O dicho de otra manera, vamos a intentar ¨leer entre líneas” el trabajo de Manolo Valdés y Rafael Solbes, teniendo en cuenta su alto contenido crítico y el empleo intencionado de imágenes fácilmente reconocibles por el espectador.

A pesar de que Jean Clair acota la “responsabilidad del artista” al período de las vanguardias, la tardanza de éstas en llegar a España hace que se pueda extender sus planteamientos al trabajo del Equipo Crónica, como manifestación tardía del Pop, con particularidades propias de la España franquista en el que se desarrolla. Para Clair, el realismo nace como reacción a la vanguardia, y en el caso que nos ocupa más concretamente como reacción al informalismo que, aunque no exento de cierto contenido crítico, se presentaba totalmente críptico para la gran masa. La intención de hacer llegar al pueblo su mensaje, hizo que Equipo Crónica (cuyo germen estuvo en Estampa Popular) usara imágenes de gran calado en la conciencia colectiva española formando series temáticas que profundizaban en un tema. ¿Y qué hay más español que Velázquez? Como dijo el historiador, crítico y director del Museo de Arte Reina Sofía, Tomas Llorens: “Es innegable que Velázquez representaba una especie de españolidad esencial –que evidentemente formaba parte de la ideología del franquismo- (…), se trataba, de algún modo, de arrancar del contexto de la ideología franquista ese mito de Velázquez”. Y efectivamente nuestro Equipo Crónica lo arrancó de cuajo mediante la reproducción de algunas de sus obras más importantes, de entre las que vamos a entresacar a las Meninas por ser, quizás, la más emblemática de todas.

 Del mismo modo que Andy Warhol repetía incansable un motivo iconográfico, la reproducción a lo largo de décadas del motivo de las Meninas ha hecho que el ojo del espectador se acostumbre a verlas y haya perdido su fuerza primigenia, tanto desde el punto de vista iconográfico como semántico. Podríamos decir que el paso del tiempo ha hecho con las Meninas lo mismo que Warhol con sus Marilyns: ha perdido el “concepto de su autenticidad” y le falta “el aquí y ahora de la obra de arte, su existencia irrepetible”, usando palabras de Benjamin. Pero eso es precisamente lo que pretendían Solbes y Valdés, descontextualizarlas, arrancarlas de su aquí (una sala del Alcázar) y ahora (el siglo XVII), para traerlas a un nuevo aquí y ahora adquiriendo con ello una nueva significación. Las Meninas son ofrecidas a un nuevo espectador, previamente pasadas por el filtro de una estética Pop que el Equipo Crónica usaba con cierta ironía y humor, con objeto de hacer llegar sus obras a un público amplio, de manera que “confiere actualidad a lo reproducido al permitirle salir, desde su situación respectiva, al encuentro de cada destinatario”.

Es curioso pensar que cuando Walter Benjamin escribió La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, todavía no existía el Pop, de hecho su ensayo versa principalmente sobre el cine y la fotografía, aunque en sus primeras líneas habla sobre la litografía (que está en la base del Pop más popular), con la que “la técnica de la reproducción alcanza un grado fundamentalmente nuevo”. ¿Qué hubiera opinado Benjamin sobre esa peculiar forma de reproductibilidad que fue el Pop Art? En primer lugar, para el crítico toda obra de arte es susceptible de ser reproducida y al serlo se emancipa automáticamente, constituyendo un ente en sí mismo. Al ver “La salita” de Valdés y Solbes, no podría negar la ausencia de ese “aura” propia de las Meninas de Velázquez, descrita por Benjamin como “manifestación irrepetible de una lejanía”, con lo que la obra cobra plena autonomía y al mismo tiempo desmitifica uno de los emblemas usados por el franquismo.

"La salita" (1970)
La infanta y su séquito han sido trasladados de escenario: el ambiente palaciego ha sido sustituido por otro doméstico de estética setentera e intencionadamente Kitsch, degradando en cierta manera el estatus de los personajes, que han pasado de estar rodeados de obras de arte a estarlo ahora de otros objetos más cotidianos y ordinarios, incluso aparecen una pelota y un flotador. Significativo es el hecho también de que Velázquez no se representa pintando: ha desaparecido el enorme lienzo de la obra primigenia y ha sido sustituida por una planta decorativa, de manera que ya no se está haciendo referencia a un espacio de creación. Por otro lado, Solbes y Valdés se autorretratan en el lugar de Dª Marcela de Ulloa y D. Diego Ruíz de Azcona (responsables en gran medida de la educación de la infanta) y parecen mimetizarse con el mismísimo Velázquez, a través de su indumentaria y en el hecho de llevar unos cuadernos o libros en sus manos. La aparente ingenuidad en la representación, con esos colores vivos y alegres y esas tintas planas características de la estética Pop, estaba orientada a atraer la atención del pueblo español, y como dice Benjamin: “La orientación de la realidad a las masas y de éstas a la realidad es un proceso de alcance ilimitado tanto para el pensamiento como para la contemplación”. De esto debía ser consciente la censura franquista y, sin embargo, el Equipo Crónica trabajó sin problemas ocultando en sus obras toda una crítica al ambiente político y social del momento. O quizás, esa aparente ingenuidad disfrazada de Velázquez, sirviera para pasar inadvertida por la censura pues, de nuevo en palabras de Benjamin, “de lo convencional se disfruta sin criticarlo y se critica con aversión lo verdaderamente nuevo”.

Entonces cabe preguntarse, ¿qué mensaje quieren transmitirnos Solbes y Valdés a través de La salita? La salita bien podría representar el escenario social y político de la España de los 60: la clase dominante ya no está interesada en la cultura y se entretiene con banalidades inútiles, mientras que la intelectualidad y la cultura se mantiene en un segundo plano, simbolizada en las figuras de los artistas; el escenario que fue de creación artística en el siglo XVII se ha convertido ahora en un escenario de encuentro, de charla, de juegos, donde el afamado pintor ya no pinta, sólo posa, y se ha suprimido incluso la presencia de los reyes, banalizando aún más la escena. En esta ausencia también puede haber un mensaje; recordemos que estamos en el contexto de la dictadura franquista, por lo que la figura monárquica está relegada a un segundo plano en el ambiente político, aunque aquí ni siquiera se representa en un segundo plano como en Las Meninas velazqueñas, simplemente no está. ¿Es una llamada de atención a esa ausencia o una crítica a la misma?

Fotografía de Paco Alberola sobre 
la que basaron la obra
"El sublime acto de la creación"
En cualquier caso, el compromiso de los artistas con su realidad queda claramente ejemplificada con este breve análisis y nos demuestra que a Equipo Crónica no le interesaba el arte por el arte kantiano, que además implica una individualidad que rechazaban en el mismo hecho de trabajar y rubricar sus creaciones como un equipo. Parecen querernos decir que el papel del artista ha cambiado desde Velázquez: ya no pintan para reyes, sino para la sociedad. En un cuadro de la misma serie que “La salita” (Autopsia de un oficio) titulado “El sublime acto de la creación”, se representan a ellos mismos en el acto de crear, uno mezclando colores, el otro retocando “La salita”, pero de una manera radicalmente diferente a cómo se retrató Velázquez; aquí son meros trabajadores en pantalón corto y sin camiseta, sin temor a mancharse de pintura, lejos de la indumentaria de caballero que luce orgulloso su emblema. Ha desaparecido el glamour del artista de cámara pero se ha sustituido por la magia de crear lo que el artista quiere, no lo que el rey (el poder) le imponga; esa magia está representada por esos personajes Disney que dan color a la escena y revolotean en el taller, y esa estela de colores que rodea a Solbes y Valdés como si ese “sublime acto” pudiera materializarse en forma de estrellitas…

            Equipo Crónica merece un estudio más pormenorizado, pero valga este ejercicio para evidenciar que, detrás de sus obras, existe todo un discurso esperando ser descubierto una vez traspasado el umbral de la estética.