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| Aguila del Evangelio |
Por desgracia para la humanidad (en su sentido más amplio) hay poca gente que entienda que el arte es parte de la vida, que nos enriquece en múltiples sectores de nuestra existencia y que su conocimiento no es ni mucho menos una pérdida de tiempo, sino tiempo invertido en nosotros mismos, porque a través de él escudriñamos la esencia del hombre, nuestra espiritualidad y nuestra psique. A través del arte podemos conocer a una persona, una época, un país, como si leyéramos un libro, pero claro está, si no sabemos leer no hay libro que nos pueda gustar jamás; ¿por qué se juzga entonces al arte sin conocer su lenguaje? Ríos de tinta se ha escrito sobre el tema y por supuesto yo tengo mis propios pensamientos al respecto, de los cuales algunos de ellos no son políticamente correctos y me los guardo sólo para aquellas personas de mente abierta y sin ganas de discutir.
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| Cabeza de monje |
Pero ocurre que, de vez en cuando, aparece algún artista que es capaz de trasmitir su lenguaje a la mollera más cerrada, y se obra el milagro... Generalmente estos artistas trabajan la figuración, es decir, que lo representado es "fácilmente" identificable por el espectador, aunque su misma naturaleza de artista lo lleva a experimentar con nuevas formas y, como no, con nuevos materiales.
Hoy comparto, con todo el que quiere leerme, un ejemplo de este tipo de "fenómeno extraño", un artista que gusta prácticamente a todo el mundo por igual, que levanta admiración con sus obras y que consigue que mis oídos hayan escuchado por boca de más de un cabestro un orgulloso "y es cordobés". Porque efectivamente, Aurelio Teno es cordobés de nacimiento y óbito, aunque muy poco conocido por la mayoría de paisanos por culpa de esa idiosincrasia que nos caracteriza, mezclada con la incultura que inculca nuestro sistema educativo.
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| Monje arropado en pingajos |


