hasta que el estruendo me recordó
que lo que no se dice no existey no tiene miedo al dolor.
Es el ruido el peligroso,
el que va despertando a su paso
al gigante silenciado
por el tiempo, el olvido, el fracaso...
No quieras volver sin llamarte
que este silencio es ya muy mío
y celoso me aprieta los labios
para que no pueda escaparse un suspiro.
No entendí el silencio,
hasta que el estruendo me recordó
que lo que no existió no duele,
aunque yo este muriendo de este dolor.

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