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sábado, 6 de agosto de 2011

VACACIONES SANTILLANA

No son ni las 9 de la mañana de este sábado agostero y ya no se puede parar de la "caló" que hace por estas tierras; intento estudiar a primera hora con eso que llaman "la fresquita", que hoy ha decidido no acompañarme y estará, como media España, de vacaciones. Como en otras ocasiones, mi mente se pierde por unos minutos en recuerdos de mi niñez, y me sorprendo al darme cuenta que estoy pasando unas auténticas "vacaciones Santillana".
Cuando era niña, mis vacaciones se limitaban a no ir al colegio y a estar todo el tiempo que podía tirada en la calle, jugando, corriendo de un lado para otro sin parar (cosa que sorprendentemente no me hacía sudar, o al menos no recuerdo que me molestara lo más mínimo); mis padres no podían permitirse dejar de trabajar y cogerse vacaciones, asique la playa para mí era un sitio lejano al que, con suerte, íbamos un fin de semana, y en consecuencia algo tan especial que nunca hubiera cambiado ni por ir a Eurodisney, tan de moda entre los críos de ahora ( o debería decir entre los padres??? ). Además, no era mala estudiante, digamos que del montón, pero lo suficiente para no tener la obligación de pasar el verano entre libros... sin embargo, después de algunos días sin asistir a clase, echaba de menos eso de aprender, sentía la necesidad imperante de estudiar, de hacer ejercicios de evaluación y de comprobar que todavía había muchas cosas que no sabía y que estaban ahí para mí. En consecuencia, obligué a mi madre a que me comprara los famosos libros de Santillana, cuyos anuncios nos acompañaban todos los veranos a la gente de mi generación, en los intermedios de la ya tradicional serie "Verano azul", y yo sola en mi habitación me ponía a hacer deberes, cual ratilla de biblioteca... jamás conseguí terminar ningún cuaderno Santillana, porque en definitiva era niña, y me podía más el irme a jugar con la trupe al calor de la calle que quedarme yo sóla con mi afán de conocimientos.
Varias décadas después (si si...décadas!!!) me he sentido un poco niña de nuevo, encerrada en mi despacho con los apuntes de Historia Contemporánea delante, sin ninguna obligación de estar aquí y pasando "caló", mientras la gente de mi generación está en la calle "jugando" a ser adultos, esto es, en la playa con su cervecita fresquita...
Me gusta ser rarita, no lo voy a negar; lo hago porque quiero y porque me llena seguir estudiando, aunque a veces se me hace duro y no tengo la opción de bajarme a la calle con la trupe a jugar. Sin embargo no renuncio a mis vacaciones Santillana y lo único que echo de menos es no volver a ver "Verano azul".

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