En este blog aparecen algunas imágenes que encuentro por internet que,normalmente, son acompañadas del nombre de su creador. Sólo intento transmitir mi amor por el Arte, pero si alguien no quiere que aparezcan sus imágenes aquí sólo tiene que decírmelo e inmediatamente serán retiradas.

miércoles, 13 de agosto de 2014

OS PRESENTO A HAMMERSHOI ...

          Absorta en intentar comprender el arte "nuevo", como lo llamaba Ortega y Gasset, había dejado un poco de lado el arte realista por su aparente facilidad de comprensión. Mientras me perdía entre El Lissitzky, Malevich, Newman, Clyfford, Hoffman, Tapies, Millares, por mencionar unos pocos, pasaba por alto ese otro arte que era víctima casi de la indiferencia, en unos años convulsos por las guerras y los desastres humanitarios, que dejaron clara huella en el escenario artístico mundial. Parecía que en esas primeras décadas del siglo XX el realismo no tenía cabida, más que nada porque la realidad era la que era y no gustaba ni era agradable para practicamente nadie, sobre todo para los artistas, los cuales eran perseguidos o por lo que pensaban o por lo que decían o por todo lo contrario... La sinrazón se adueñó del mundo occidental y "lo real" se convirtió en sinónimo de deformación, divagación, distorsión, fealdad...
          Pero antes de que Europa y América se hundieran en el caos, se podía disfrutar de obras de carácter amable y sosegado, que nada hacía pensar en el tremendo cambio que se estaba produciendo en el panorama artístico y cultural de 1900. Uno de los últimos ejemplos que he descubierto, ha empezado a resurgir casi cien años después de su muerte, de la mano de estudiosos e investigadores del simbolismo, proporcionando a las futuras publicaciones nuevo y sustancioso material que atestigua que, en el campo de la Historia del Arte, Dinamarca también existe.
Madre del artista (1889)
   Se trata del pintor Wilhem Hammershoi, natural de Copenhague, donde vivió entre 1864 y 1916 muriendo víctima de un cáncer de garganta. Sus pinturas suelen representar interiores, que invitan al recogimiento y a la reflexión y transmiten melancolía y soledad; están habitadas por una o dos figuras que normalmente están de espaldas, privando al espectador de analizar su estado de ánimo a través de su rostro por lo que, según cómo nos sintamos al contemplar la escena, nos pueden transmitir diferentes sensaciones: ¿estará sonriendo?¿llorando?¿enfadada?¿o simplemente pensativa? No sabemos que ha pasado antes y qué va a pasar después, porque la acción se ha congelado en un instante aparentemente inocuo que pone en funcionamiento nuestra imaginación, por lo tanto son evocadoras, simbólicas, y esconden mucho más que una simple representación de una habitación. Sus atmósferas, embriagadas de una luz tamizada por los cristales de grandes ventanales, recuerdan lo que años después haría Hopper en sus cuadros-escenario de la vida estadounidense, incluido ese aire misterioso que envuelve a los protagonistas de sus pinturas. Es evidente la influencia de Vermeer, Hooch y otros pintores flamencos y holandeses del Barroco, pero en torno al 1900 Hammershoi actualizó esa visión del interior doméstico, donde lo personal y privado no necesita nada más que de la luz para transmitir y mover el espíritu del espectador...

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