En este blog aparecen algunas imágenes que encuentro por internet que,normalmente, son acompañadas del nombre de su creador. Sólo intento transmitir mi amor por el Arte, pero si alguien no quiere que aparezcan sus imágenes aquí sólo tiene que decírmelo e inmediatamente serán retiradas.

viernes, 21 de marzo de 2014

DESCONTEXTUALIZACION DE LAS MENINAS

Este escrito pretende ser una reflexión sobre una pequeña parte del trabajo del Equipo Crónica, no desde el punto de vista estético, ni siquiera desde el punto de vista formal, sino más bien una reflexión sobre el metarrelato que se esconde tras esa aparente ingenuidad y esa apropiación de imágenes que son características del Pop, aunque sin perder de vista la peculiaridad de ser un Pop genuinamente español. O dicho de otra manera, vamos a intentar ¨leer entre líneas” el trabajo de Manolo Valdés y Rafael Solbes, teniendo en cuenta su alto contenido crítico y el empleo intencionado de imágenes fácilmente reconocibles por el espectador.

A pesar de que Jean Clair acota la “responsabilidad del artista” al período de las vanguardias, la tardanza de éstas en llegar a España hace que se pueda extender sus planteamientos al trabajo del Equipo Crónica, como manifestación tardía del Pop, con particularidades propias de la España franquista en el que se desarrolla. Para Clair, el realismo nace como reacción a la vanguardia, y en el caso que nos ocupa más concretamente como reacción al informalismo que, aunque no exento de cierto contenido crítico, se presentaba totalmente críptico para la gran masa. La intención de hacer llegar al pueblo su mensaje, hizo que Equipo Crónica (cuyo germen estuvo en Estampa Popular) usara imágenes de gran calado en la conciencia colectiva española formando series temáticas que profundizaban en un tema. ¿Y qué hay más español que Velázquez? Como dijo el historiador, crítico y director del Museo de Arte Reina Sofía, Tomas Llorens: “Es innegable que Velázquez representaba una especie de españolidad esencial –que evidentemente formaba parte de la ideología del franquismo- (…), se trataba, de algún modo, de arrancar del contexto de la ideología franquista ese mito de Velázquez”. Y efectivamente nuestro Equipo Crónica lo arrancó de cuajo mediante la reproducción de algunas de sus obras más importantes, de entre las que vamos a entresacar a las Meninas por ser, quizás, la más emblemática de todas.

 Del mismo modo que Andy Warhol repetía incansable un motivo iconográfico, la reproducción a lo largo de décadas del motivo de las Meninas ha hecho que el ojo del espectador se acostumbre a verlas y haya perdido su fuerza primigenia, tanto desde el punto de vista iconográfico como semántico. Podríamos decir que el paso del tiempo ha hecho con las Meninas lo mismo que Warhol con sus Marilyns: ha perdido el “concepto de su autenticidad” y le falta “el aquí y ahora de la obra de arte, su existencia irrepetible”, usando palabras de Benjamin. Pero eso es precisamente lo que pretendían Solbes y Valdés, descontextualizarlas, arrancarlas de su aquí (una sala del Alcázar) y ahora (el siglo XVII), para traerlas a un nuevo aquí y ahora adquiriendo con ello una nueva significación. Las Meninas son ofrecidas a un nuevo espectador, previamente pasadas por el filtro de una estética Pop que el Equipo Crónica usaba con cierta ironía y humor, con objeto de hacer llegar sus obras a un público amplio, de manera que “confiere actualidad a lo reproducido al permitirle salir, desde su situación respectiva, al encuentro de cada destinatario”.

Es curioso pensar que cuando Walter Benjamin escribió La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, todavía no existía el Pop, de hecho su ensayo versa principalmente sobre el cine y la fotografía, aunque en sus primeras líneas habla sobre la litografía (que está en la base del Pop más popular), con la que “la técnica de la reproducción alcanza un grado fundamentalmente nuevo”. ¿Qué hubiera opinado Benjamin sobre esa peculiar forma de reproductibilidad que fue el Pop Art? En primer lugar, para el crítico toda obra de arte es susceptible de ser reproducida y al serlo se emancipa automáticamente, constituyendo un ente en sí mismo. Al ver “La salita” de Valdés y Solbes, no podría negar la ausencia de ese “aura” propia de las Meninas de Velázquez, descrita por Benjamin como “manifestación irrepetible de una lejanía”, con lo que la obra cobra plena autonomía y al mismo tiempo desmitifica uno de los emblemas usados por el franquismo.

"La salita" (1970)
La infanta y su séquito han sido trasladados de escenario: el ambiente palaciego ha sido sustituido por otro doméstico de estética setentera e intencionadamente Kitsch, degradando en cierta manera el estatus de los personajes, que han pasado de estar rodeados de obras de arte a estarlo ahora de otros objetos más cotidianos y ordinarios, incluso aparecen una pelota y un flotador. Significativo es el hecho también de que Velázquez no se representa pintando: ha desaparecido el enorme lienzo de la obra primigenia y ha sido sustituida por una planta decorativa, de manera que ya no se está haciendo referencia a un espacio de creación. Por otro lado, Solbes y Valdés se autorretratan en el lugar de Dª Marcela de Ulloa y D. Diego Ruíz de Azcona (responsables en gran medida de la educación de la infanta) y parecen mimetizarse con el mismísimo Velázquez, a través de su indumentaria y en el hecho de llevar unos cuadernos o libros en sus manos. La aparente ingenuidad en la representación, con esos colores vivos y alegres y esas tintas planas características de la estética Pop, estaba orientada a atraer la atención del pueblo español, y como dice Benjamin: “La orientación de la realidad a las masas y de éstas a la realidad es un proceso de alcance ilimitado tanto para el pensamiento como para la contemplación. De esto debía ser consciente la censura franquista y, sin embargo, el Equipo Crónica trabajó sin problemas ocultando en sus obras toda una crítica al ambiente político y social del momento. O quizás, esa aparente ingenuidad disfrazada de Velázquez, sirviera para pasar inadvertida por la censura pues, de nuevo en palabras de Benjamin, “de lo convencional se disfruta sin criticarlo y se critica con aversión lo verdaderamente nuevo”.

Entonces cabe preguntarse, ¿qué mensaje quieren transmitirnos Solbes y Valdés a través de La salita? La salita bien podría representar el escenario social y político de la España de los 60: la clase dominante ya no está interesada en la cultura y se entretiene con banalidades inútiles, mientras que la intelectualidad y la cultura se mantiene en un segundo plano, simbolizada en las figuras de los artistas; el escenario que fue de creación artística en el siglo XVII se ha convertido ahora en un escenario de encuentro, de charla, de juegos, donde el afamado pintor ya no pinta, sólo posa, y se ha suprimido incluso la presencia de los reyes, banalizando aún más la escena. En esta ausencia también puede haber un mensaje; recordemos que estamos en el contexto de la dictadura franquista, por lo que la figura monárquica está relegada a un segundo plano en el ambiente político, aunque aquí ni siquiera se representa en un segundo plano como en Las Meninas velazqueñas, simplemente no está. ¿Es una llamada de atención a esa ausencia o una crítica a la misma?

Fotografía de Paco Alberola sobre 
la que basaron la obra
"El sublime acto de la creación"
En cualquier caso, el compromiso de los artistas con su realidad queda claramente ejemplificada con este breve análisis y nos demuestra que a Equipo Crónica no le interesaba el arte por el arte kantiano, que además implica una individualidad que rechazaban en el mismo hecho de trabajar y rubricar sus creaciones como un equipo. Parecen querernos decir que el papel del artista ha cambiado desde Velázquez: ya no pintan para reyes, sino para la sociedad. En un cuadro de la misma serie que “La salita” (Autopsia de un oficio) titulado “El sublime acto de la creación”, se representan a ellos mismos en el acto de crear, uno mezclando colores, el otro retocando “La salita”, pero de una manera radicalmente diferente a cómo se retrató Velázquez; aquí son meros trabajadores en pantalón corto y sin camiseta, sin temor a mancharse de pintura, lejos de la indumentaria de caballero que luce orgulloso su emblema. Ha desaparecido el glamour del artista de cámara pero se ha sustituido por la magia de crear lo que el artista quiere, no lo que el rey (el poder) le imponga; esa magia está representada por esos personajes Disney que dan color a la escena y revolotean en el taller, y esa estela de colores que rodea a Solbes y Valdés como si ese “sublime acto” pudiera materializarse en forma de estrellitas…

            Equipo Crónica merece un estudio más pormenorizado, pero valga este ejercicio para evidenciar que, detrás de sus obras, existe todo un discurso esperando ser descubierto una vez traspasado el umbral de la estética.

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